sábado, 13 de noviembre de 2010

¡Gracias, Mr. Berlanga!

Hace unos años paseando con mis amigas por el real de la feria, todas con traje de faralae y flor en la cabeza, nos encontramos con un grupo de americanos. Sólo estarían un día, alojados en la base de Rota donde hacían escala, habían estado un año en la guerra de Iraq, y buscaban un sitio para comer, y como no, donde pasarlo bien. Estuvieron toda la tarde con nosotras, y podéis imaginaros el cuadro: una pandilla de hombres altos, rubios y fornidos que nos sacaban dos cabezas a cada una, con un grupo de sanluqueñas vestidas de gitana y tocando las palmas...

En ese momento me acordé de la pobre maestra de Villar del Campo (perdón, del Río), que en el guión original de la película ¡Bienvenido Mr. Marshall!, fantaseaba con la llegada de los americanos al pueblo. En su sueño, la joven abocada a la tristeza de un pueblo en la España de la posguerra, se veía rodeada de juagadores de rugbi tan altos y fornidos como los que en aquellos momentos estaban en la feria con nosotras. Digo en el guión original, porque esta película que fue inteligente incluso a la hora de pasar la censura, el único tijeretazo que sufrió fue éste. El régimen consideró que esta escena iba en contra de los valores morales y éticos de la patria, y Eloísa (interpretada por Elvira Quintilla) se quedó sin sueño.

Es curioso, mientras la película era un crítica voraz a la España de la época, disfrazada de una simpática comedia musical que además complacía exigencias ministeriales promocionando estrellas nacionales como Lolita Sevilla; nuestra situación (la de mis amigas y mía) era muy distinta: la crítica para ellos, los americanos, que se habían olvidado de que la vida puede ser divertida, luchando en una guerra cuanto menos absurda. Y es que, le pese a quien le pesara, ¡cómo no iba Berlanga a poner su bandera en un riachuelo de agua sucia al final de la pelicula!

Tuve una clase hace poco en el máster con un "experto en redes sociales" (tradúzcanse las comilla por un friki pedante que nos hablaba como tontos porque nos especializamos en moda y belleza) que aseguraba que "el audiovisual eliminaba la capacidad de reflexión de las personas, ya que desaparecía el proceso en el que el significante se convierte en significado". Lejos de quitarle la razón a este gran sabio de nuestro tiempo, sentí pena por él. Este hombre, que presumía de haber participado en la campaña de Obama, probablemente nunca había visto una película de Berlanga ni leído El Quijote. ¿Qué son si no reflexiones y segundas lecturas vestidas de un humor inteligente películas como La Vaquilla o El Verdugo?, y ¿qué les pasó a todas aquellas novelas de caballería que Cervantes despreció aunque vinieran en forma de libros?

Por tus películas, ésas que siempre vienen conmigo, por las risas, y sobre todo, por hacernos más inteligentes... ¡Gracias, Mr. Berlanga!

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